
Una de las formas de demostrar que quieres a alguien es regalar u ofrecerle algo. Lejos de historias materialistas a mi me resulta placentero esta manera de dar cariño y sobretodo cuando lo hago por medio de un dulce o un postre.
El dedicarle el tiempo a pensar en algo especial que le pueda gustar y sorprender, prepararlo con calma y con todos los detalles, y tenerlo listo para ese momento de celebración o de sorpresa inesperada es algo que me encanta.
Se que me estoy poniendo tierna pero endulzar a los que quieres es algo que nunca está de más.
Llegados a este punto de empalago, os podréis imaginar que no soy de las que compra tartas y menos para cumpleaños..... y nunca para la personita que más me importa. De modo que un año más estuve dándole a la cabeza e imaginación ........¡ y es que es una crítica muy estricta!.
Tenía que lograr combinar las tres cosas que más la gustan: tartas de textura cremosa (pero no mousse), el siempre presente chocolate negro, y las galletas.
En fin, este es el resultado.
INGREDIENTES:
Ingredientes para la crema:
200 gr de chocolate negro al 70%
500 gr de queso mascarpone
140 gr de queso batido
140 gr de azúcar
2 cucharaditas de maizena
3 huevos medianos
Lo primero es preparar la base de galleta.
Tenéis que sacar la mantequilla de la nevera justo cuando se va a utilizar. La cortáis en dados y se mezcla con los dedos con la harina normal y la de almendra, el cacao y el azúcar que ya tienen que estar juntas en un recipiente.
Se trabaja como para una masa quebrada, deshaciendo la mantequilla con la punta de los dedos e integrándola con el resto de los ingredientes hasta que se logre una textura arenosa. Será entonces cuando se incorpora el huevo batido. Formar una bola intentando no calentar ni amasar demasido la masa. Guardarla cubierta en la nevera una media hora.
Preparar el molde de unos 22 cm y de unos 5 cm de alto con aceite o mantequilla, sacar la base de la nevera y cubrir su base y unos 1,5 cm de la altura.
Pincharla e introducirla en el horno a 200 grados unos cinco minutos.
Mientras se prepara la crema.
Fundir al baño maría el chocolate, retirarlo del fuego y dejar que temple.
Batir los dos quesos con el azúcar y la maicena. Cuando la crema esté suave ir añadiendo los huevos y por último el chocolate sin dejar de batir.
Rellenar la base y meterla de nuevo al horno que habremos bajado a 180 grados.
Esta tarta tarda como unos 50 minutos en hacerse. Crece mucho aunque luego cae un poquito.
Su textura es tipo crema por lo que si la pincháis para ver como va, la aguja saldrá limpia pero húmeda, es lo normal.
Gana mucho si la hacéis el día de antes y la guardáis en nevera (tapada) y se saca un ratito antes de servir.